Pen and InkFrom the Desk of Fr. Francisco...

Catechesis - Catequesis
March/Marzo 15/16, 2008

The Consecration - LaConsagración

Catechesis

The Consecration
The moment of the Consecration is the holiest of the moments during the Mass. This is the reason why we kneel during that time. It is the center, the core of the Eucharist, it is what it is all about!

After the gifts are presented, the priest prays over them and then we all sing the Holy, Holy to prepare for the Consecration.

The first thing is the invocation of the Holy Spirit to come down and transform the gifts. Then, the priest repeats the words of Jesus Christ at the Last Supper where he offered his life for the redemption of the world, the forgiveness of sins, the reconciliation of humankind with God the Father.

We have to understand the it is not the priest who is celebrating that moment, but Christ himself who is reenacting his sacrifice on the Cross; he truly dies and rises again to be the Bread of Life, the nourishment of the souls, the forgiveness of the sins, and the peace of the world.

It is our Lord that comes down to be with us again, but most of all, to make us part of him at the moment that we receive this most sacred Body and Blood, to make us one with one another in the whole world.

To be continued...

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Catequesis

LaConsagración
El momento de la Consagración es el más sagrado durante la Misa. Es por eso que nos arrodillamos durante ese tiempo. La Consagración es el centro, el corazón de la Eucaristía, ¡es el propósito de toda la Misa!

Luego de presentar las ofrendas, el sacerdote ora sobre ellas, enseguida todos cantamos el Santo Santo para prepararnos para la Consagración.

Comenzamos con la invocación del Espíritu Santo que viene a transformar lo dones; luego el sacerdote repite las palabras de Jesús en la Última Cena donde ofreció su vida por la redención del mundo, el perdón de los pecados, la reconciliación de la humanidad con Dios Padre.

Debemos comprender que no es el sacerdote quien celebra en ese momento, sino Cristo mismo que vuelve a ofrecer su sacrificio en la Cruz; verdaderamente muere y resucita de nuevo para ser el Pan de Vida, el alimento de las almas, el perdón de los pecados y la paz del mundo.

Es nuestro Señor que baja del cielo para estar con nosotros una vez más, pero más que nada, para hacernos parte de Él en el momento que recibimos su sacratísimo Cuerpo y Sangre; por lo tanto, para hacernos uno con nuestros hermanos en el mundo entero.

Continuará...

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